Partiendo de esta red experimental
Interlocal,
Transit Projectes y el Observatorio de Políticas Culturales del Ayuntamiento de Zaragoza han comenzado a perfilar el trabajo sobre “redes sociales y cultura local”. Como saben esta es una iniciativa que analizará el comportamiento y la influencia de estos modelos relacionales en las políticas culturales en el ámbito local iberoamericano.
Siete argumentos orientan este estudio y, cómo no, una nueva interpretación de las políticas culturales:
- Los espacios públicos han convertido en espacios híbridos. De la idiosincrasia concurrente como única referencia de relación hemos pasado a la creación de nuevos espacios en los que la interacción social precisa de una nueva responsabilidad, individual, política y colectiva. Una responsabilidad que requiere de mecanismos de autoorganización no jerarquizada alejados de las tradicionales pirámides de decisión analógica. Asociacionismo difuso: cooperación no presencial. inducción metanarrativa, diseño de intangibles, conocimiento abierto, emponderamiento del procomún...
- Esta inevitable relación entre la presencialidad y la distancialidad convoca las relaciones entre el espacio público analógico y el virtual. Se crea un territorio abstracto que se añade a la realidad experimentable en el que evoluciona una conectividad expandida que no requiere de las ataduras físicas. Un nuevo escenario en el que interesa experimentar nuevas posibilidades, un modelo que añade sin sustituir. Las multitudes inteligentes (Mobs)
- Si está claro que esta evolución de los espacios públicos es algo evidente debemos asumir que lo que estamos haciendo, en demasiadas ocasiones, es transferir a las nuevas estructuras modelos de comportamiento analógicos. Quizá lo que debamos hacer es abandonar esa especie de pereza que (¿por desconocimiento?) nos empuja a los gestores culturales a mantener una actitud de distancia ante estos nuevos formatos. Estamos ante un espacio social ampliado desde el que podemos lograr una auténtica participación aumentada
- Entendemos que la política cultural ya no debe limitarse a un territorio único sino que requiere de acciones decididas que vayan más allá de las fronteras locales y nacionales. El diálogo transfronterizo se hace necesario y urge desarrollar procesos que configuren tejidos sociales amplios, redes interterritoriales que trabajen para una nueva ciudadanía cultural. Las políticas culturales deben crecer en densidad simbólica y deben ser capaces de convocar a los ciudadanos en un entorno múltiple, un entorno de reflexión que favorezca un territorio social compartido.
- Dado que las ciudades son hoy por hoy el referente más cercano de la transversalización de la cultura, debe ser desde ellas, desde lo local, desde donde se realicen los mayores esfuerzos para lograr un espacio público que sea capaz de movilizar y convocar a todo el conjunto de los actores culturales.
- La gestión de la cultura local va más allá de las programaciones y el intercambio de espectáculos. Se busca una nueva perspectiva, incluso un nuevo modo de entender la cultura como una apuesta política, una apuesta para la creación de ciudad. Una política cultural que evite el peligro de una ciudad encerrada en si misma y que la oriente hacia la comunicación translocal.
- Las nuevas realidades requieren de nuevos modelos y debemos hablar de un poder colaborativo de unos procesos en los que podamos enriquecer el campo de conocimiento, que podamos aumentar la inteligencia colectiva. Una acción política de los gobiernos locales que parte desde la intención absoluta de tomar la cultura como el principal referente para el desarrollo ciudadano
El propio análisis en el que estamos inmersos nos impulsa a usar todo el poder de las redes distribuidas.