“Cada vez que las facultades humanas alcanzan su plenitud, necesariamente se expresan mediante el arte.”
John Ruskin
Punta Arenas
Chile
Cuando Ortega y Gasset definía al individuo determinado en sus circunstancias, se estaba refiriendo a que el sujeto “es” lo que le sucede, lo que le tocó ser, el lugar donde habita, las costumbres que lo dirigen , las creencias… todo aquello que le es propio por el sólo hecho de ser. Es una herencia circunstancial que nos permite mirar el mundo desde allí, desde algo preestablecido. De acuerdo a esto, es menester que el individuo desde esta comprensión de su mundo, sea capaz de observarlo, esquematizarlo y transformarlo. Y es allí donde debemos determinar la base de cualquier empresa. Aunque arrojados existir, la época en que habitamos nos otorga la necesidad de ofrecer una respuesta a un proyecto acabado moderno y la subjetividad de la era posmoderna (aseverar la existencia del concepto amerita otro tipo de ensayo, con “fe teórica“, entonces, damos por aprehendido el concepto).
Hoy nos enfrentamos a tiempos donde replanteamos el deseo moderno de exaltación de la razón, época que comienza en el Siglo XVI caracterizada en exigencias de autonomía y libertad, que junto a la fraternidad y la igualdad promoverán diversas manifestaciones sociales. La forma que el hombre encuentra para liberarse de sus ataduras impuestas en el plano religioso, político , cultural en general, es poner a la razón como único principio rector y de valoración. Es decir, todo que aplaste al hombre y no lo deje ser libre y autónomo, y que tenga su fundamento en principios no racionales, debe ser eliminado. El sujeto empieza a adquirir poder y más libertades privadas y públicas. En esta lógica algunos países eliminan el poder absoluto y establecen países republicanos, en el arte aparece el concepto de vanguardia , estéticamente auto legisladas, surgen meta relatos que conciben la historia como un progreso continuo (Idealismo Hegeliano/Marxismo, se produce un proceso de desacralización, perdiéndose los valores religiosos, relatado por Nietzche como el “Crepúsculo de los dioses”, etc.… Sin embargo este proyecto fracasa cuando la humanidad se da cuenta que la confianza extrema en la razón fue desembocando en sistemas rígidos de pensamiento, en una razón instrumental, que sólo pretendía dominar al mundo y a los sujetos promoviendo los conceptos de dominación y conflicto. El resto de la historia moderna es conocida: guerras mundiales, genocidios, desastres ambientales, entre otras cosas, determinando el fracaso del proyecto. En el momento en que el hombre supuestamente había alcanzado el mayor conocimiento científico e inteligencia (Razón), allí mismo se causa más daño y se comporta con mayor brutalidad (irracionalidad). Gran paradoja.
De allí que las circunstancias nos arrojan a determinar las bases esenciales de convivencias sociales que determinen la salvaguarda de la humanidad. El hombre que surge después de la modernidad es un sujeto que ya no puede basar su proyecto de vida en estas grandes visiones que antiguamente le otorgaban seguridad. El sujeto se encuentra, entonces, en el vacío de fundamento, con la necesidad imperiosa de dar una directriz. El fin de los meta relatos o meta narrativas, para Lyotard es el origen del pensamiento posmoderno. Dichas meta narrativas pretendían legitimar la función unificadora de la razón instrumental, como un ente apartado de un desarrollo paulatino.
1. Un primer gran relato tiene su origen en la historia concebida como relato único.
2. Un segundo gran relato, es el que genera el ideal de orden y progreso.
3. Un tercer gran relato, es de origen positivista, y que promete el bienestar de hombre a través del desarrollo dado en “la ciencia y la industria
“Desde esta perspectiva, se estaría reemplazando a la modernidad como concepto filosófico, por un modelo que ataca la idea de razón y verdad única, lo que se ha dado en llamar la posmodernidad. Al concepto de posmoderno, le otorgamos el sentido de convalecencia, re(a)signación, una forma de pensar, de curarse de su viejo destino moderno, aceptando que dicho destino, “es una manera de pensar la verdad que debe ser entendida como trans-misión” #
Surge aquí, entonces , el concepto de Posmodernidad, Para el filósofo italiano, Gianni Vattimo, una de las principales características del posmodernismo y de su surgimiento, es el pensamiento débil, pensamiento que hace referencia a una “lógica férrea y unívoca, una necesidad de dar libre curso a la interpretación, frente a una política monolítica y vertical del partido, necesidad de apoyar a los movimientos sociales transversales […], una visión mundial de las culturas”#
El hombre posmoderno ha dejado de sentirse parte de un todo, y empecinado en proyectos individuales no produce transformación del mundo pues se ha apartado de los grandes meta relatos e instituciones (Familia, Iglesia, Estado, etc..). El hombre se aliena y se olvida de su historia, es un mundo que no le interesa: “El hombre ya no tendría más que decir porque no se contemplaría la opción de «manifestar algo diferente» sobre el mundo. No se plantearía entonces, como lo hace Habermas, una transformación de las esferas, suscitada a través de su interrelación mediada por el lenguaje“#, determinando su desencuentro más profundo en lo ideológico.
El hombre ha olvidado su esencia, por tanto la acción propuesta por la teoría posmoderna tiene que ver con la construcción existencial, donde el hombre determinan su presente a través de la apropiación de la historia cultural y la reconstrucción de esta. Frente a este descalabro de la razón el sujeto tiene dos alternativas: o caer en una especie de individualismo extremo o personalización de la cultura, en una especie de “todo vale”, donde por no haber un criterio racional para establecer normas de conducta y pensamientos, entonces no podrá existir ninguno. Cada cual aquí sería el rector de su propia vida, creador de sus valores y de su proyecto de vida, si es que logra crearlos.
La otra salida, que es la que ve Habermas, es la de intentar continuar el proyecto moderno de buscar un patrón común de conducta para todos, pero ahora ya no basado en la razón instrumental, dominadora y rígida, que busca imponer su rigidez a todos, sino en una razón comprensiva que se basa en el diálogo y en la aceptación de las diferencias. Dando de esta forma solución a nuestras problemáticas morales, políticas, culturales y sociales, ya no en la razón científica y autoritaria, sino en una razón que pretende lo de siempre, llegar a una verdad común, pero no a través de un método científico, por decirlo de alguna manera, sino a través de un diálogo, en el que participan todos los que están de alguna manera involucrados en el problema. Este diálogo permitirá a la humanidad definir pautas de comportamiento y concepciones valóricas en común.
Se trata de mantener el criterio de universalidad que inquietaba a la modernidad, ya que es necesario para que rija el accionar humano, pero que esa universalidad no se imponga como una verdad absoluta e incuestionable, sino que sea una verdad que se dialoga. Esto provoca que la sociedad se imponga niveles altos de intercomunicación, elemento que será demandado a la Escuela, que siempre es un reflejo de la sociedad.
La escuela moderna nutrió las aulas de una pedagogía autoritaria y antidialogante, donde se recibe la materia como un objeto y él mismo es un objeto , en cuanto recibe como un recipiente, viéndose impedido de construir su conocimiento. Son los mismos vicios de la sociedad moderna de verdades rígidas e incuestionables, observando al alumno como un sujeto inválido frente a la construcción de su conocimiento, “En la medida en que esta visión “bancaria” anula el poder creador de los educandos o lo minimiza, estimulando así su ingenuidad y no su criticidad, satisface los intereses de los opresores. Para estos, lo fundamental no es el desvelamiento del mundo, su transformación. Su humanitarismo, y no su humanismo, radica en la preservación de la situación de que son beneficiarios y que les facilita la mantención de la falsa generosidad…”#
Por tanto la escuela deberá tener varios desafíos a la hora de determinar sus objetivos:
1.- Creación de una persona autónoma que pueda pensar por sí misma y pueda construir su propia forma de valorar dentro de la multiplicidad que se le presenta en el contexto actual.
2.- Crear junto con esa autonomía o autoconocimiento, un impulso de cambio social como parte de esa autonomía.
3.- Habituar al sujeto a la tolerancia ,la aceptación y el respeto por las diferencias y las minorías.
4.- Otorgar capacidad de dialogar y de comprender las posturas diferentes a las suyas.
5.- Reconstruir ese pensamiento autónomo desde su propia cultura y con su propia idiosincrasia.
6.- Desmitificar la razón. En su reemplazo debería potenciarse la valoración de la creatividad y el sentimiento.
Con respecto a los contenidos:
- Los contenidos deberían seleccionarse no sólo desde una tradición que quiere imponerse sino además desde el lugar desde donde se está enseñando.
Con respecto a las evaluaciones:
- Como la construcción del conocimiento va a surgir del diálogo entre profesor y alumno, la evaluación de ese proceso de conocimiento sera también más consensuada y menos unidimensional.
Con respecto a la metodología:
-Claramente debería ser el diálogo, ¿Y qué es el diálogo en el aula?. “El beneficio de normas comunicativas como el diálogo, no está en que representen ideales abstractos a los que debamos aspirar, sino en que ejemplifican los valores implícitos que realmente sostenemos, que están latentes en las prácticas que efectivamente cultivamos. En este sentido funcionan como recordatorios de pautas que están por fuerza implicadas en lo que hacemos y en lo que decimos que queremos”#
Entonces no se trata de una imposición , más bien es un ponerse de acuerdo en lo esencial, en lo que hemos sido, somos y seremos, aquello que conocemos como cultura, que nos reúne en patrones existentes expresados por la humanidad de una forma natural y arrojados para ser base esencial de nuestras prácticas, siendo el arte uno de los elementos más potentes para comprender este proceso.
Se comprende el arte como la tarea suprema del individuo, que lo conduce al igual que el mundo griego al encuentro del uno primordial, donde habita la verdad del sujeto. La pregunta, entonces es ¿Por qué razón el arte es primordial en la vida del hombre? Y ¿Cómo este podría ser aval de un proceso de comunicación humana que transforme el mundo en la era de la posmodernidad?. Habría que adelantarse a plantear que el arte es una actividad eminentemente social, habita en la cotidianeidad del hombre, haciéndolo diferente a los demás seres vivos en cuanto tiene la posibilidad, no sólo de habitar en este mundo, sino de producirlo, transformarlo y disfrutarlo. Es a través de esta experiencia artística que se manifiesta la cultura, por ser función de esta la comunión, la armonía personal, reflejando en su ejecución la vida misma, la realidad, los conflictos internos, los sociales, determinando una moral y desarrollando la capacidad creadora.
Se podría plantear que el arte es como un lenguaje plasmado en el objeto del arte, por tanto la pieza artística es la historia de la cultura, transmitida por el artista que descansa en sus obras. Por tanto el conocimiento de estaos legados es un encuentro del sujeto con su historia, con su identidad, con su esencia. Por medio de este objeto el individuo satisface sus necesidades estéticas, manifestando su ideología, su subjetividad, su visión de realidad, y el ofrecer su palabra, se modifica y modifica el mundo en el que habita, “El objeto de arte le permite objetivar el vínculo existente entre su personalidad, la estructura cultural de la época y el medio social al que pertenece que de alguna manera lo condiciona, pero al que puede llegar a modificar”#. De esta forma determinamos el arte como un medio específico de conocimiento, por ofrecernos la posibilidad de conocer, analizar e interpretar, producciones estéticamente comunicables mediante los diferentes lenguajes simbólicos (Corporales, sonoros, visuales, dramáticos, literarios) poniéndose en juego los procesos de enseñanza y aprendizaje. Y quien debería cobijar este proceso, por supuesto, es la escuela, otorgando a la educación la posibilidad de ser el génesis social de la conciencia individual. En otras palabras debe ser la escuela la que se propio de la cultura a través de la experiencia estética del individuo(alumno), haciendo evidente la profunda incidencia que el sistema educativo formal ejerce en el proceso de desarrollo cultural de cualquier sociedad y, en especial, en nuestro país, y en particular de nuestra región.
Hoy, en vista de la urgencia de los problemas que nos plantea la implementación de la nueva reforma educacional, solemos postergar una mirada más global, un punto de vista crítico respecto al sentido que tiene nuestra educación, y la educación en general, frente a la envergadura del cambio cultural que estamos viviendo en el comienzo de este nuevo milenio (Lo que he llamado aquí, posmodernidad). Es cierto que procesos como la reforma tienden a uniformar las aulas, pero no es menor el tema que se nos plantean en cuanto ala flexibilidad del curriculum, donde cada escuela, y en el caso que nos convoca, la corporación municipal, puede determinar un curriculum diferenciado que logre, en alguna a, evidenciar una directriz cultural que trate el tema de la identidad cultural a través de la implantación, ya sea , de nuevas especialidades o de matices curriculares que posibiliten el encuentro del alumno con su raíz identitaria, siendo este el llamado fundamental de las políticas educacionales de los últimos veinte años. Esto hoy presenta un grado de carencia.
Cualquier otro problema que afecta al sistema educativo formal me parece secundario, si lo comparamos a los desafíos que, en todos sus niveles, le plantea el proceso acelerado de mutación cultural que está produciendo el fenómeno de la globalización en todos los ámbitos de la vida social, que pone en serio riesgo lo local. Es la educación la llamada a ser un garante de las tradiciones locales aplicadas a un curriculum nacional.
Hay que agregar a esto, el hecho de que la evidente y necesaria relación entre educación y cultura se está volviendo cada vez más compleja, debido a la confusión que envuelve ambos conceptos a la hora de ponerlos en relación en el transcurrir de la vida cotidiana. Por un lado, demasiadas veces, la educación, en su formulación y en su práctica, agota su sentido en el concepto restringido y exclusivamente funcional de entregar información y conocimientos específicos (Definida ya como teoría de la educación bancaria). Por el otro, existe una confusión generalizada, instalada en la sociedad, que homologa el concepto de cultura con el de arte, restándole la mayor parte de su significación de primer y más importante término de referencia del desarrollo humano.
No se aprende con el objetivo exclusivo de garantizar una mayor competitividad en el mercado del trabajo. Si bien puede considerarse legítimo, es importante precisar que ella se logra por el uso adecuado del saber que hayamos sido capaces de alcanzar a través de la interacción de los conocimientos adquiridos.
Un proceso cultural positivo, se basa esencialmente en esa capacidad de procesar esos conocimientos y de activarlos con un profundo sentido ético, que los pone al servicio del desarrollo de la comunidad y no al exclusivo servicio de nuestro bienestar personal. Los conocimientos se transforman en herramientas eficaces para el desarrollo cultural personal y social, cuando los usamos no tanto para servirnos de ellos para sobresalir de los demás, sino para servir a los demás a través de ellos. Por ello, estoy convencido que, considerado en el largo plazo, el aspecto más decisivo de la formación de un joven es la dimensión cultural, porque le otorga la capacidad para enfrentarse al mundo desde determinadas perspectivas éticas y estéticas, desde valores que le permiten poetizar su vida y la de su entorno.
Y esto no es una responsabilidad individual, sino de las instituciones, de sus criterios y prácticas porque el profesional que surge de ellas, es el resultado de muchas intervenciones sucesivas y de métodos específicos de transmisión de conocimientos. Sin embargo, el conocimiento que se imparte desde las universidades no puede limitarse y congelarse en un fin puramente instrumental, porque esto empobrece las capacidades de invención de la inteligencia y torna rígido al sujeto frente a los constantes desafíos que provienen del mundo de la economía, de la ciencia, de la política y de la propia vida cotidiana.
Por esto, la cultura en este sentido, vendría a ser el valor agregado moral más decisivo en todo acto de formación. Esto se extrapola a las funciones que deberían tener los estamentos de educación superior (Con quienes urge una relación dialéctica) y en especial aquellas que pertenecen al Consejo de rectores. Cuando la Universidad actúa en la sociedad, lo hace asumiendo responsabilidades específicas e intransferibles. No se debe en un sentido restringido a ninguna institución, ya sea del ámbito de la fe, de la política o de la economía. Por sobre todo se debe a ella, pero no para ensimismarse, sino para proyectarse como conciencia crítica de la sociedad, hacia todo lo que concierne el proceso constante de civilización, hacia todos los fenómenos humanos que hoy nos conmueven, aunque siempre cada Universidad se desenvuelva y desarrolle dentro de un singular proyecto o modelo valórico.
El sentido fundamental de la noción de autonomía se refiere a la independencia para pensar y a la libertad para exponer. La universidad es una construcción social, un sistema abierto a la sociedad y al entorno cultural.
Extrapolado a las escuelas, el aula es un concepto cultural. Al interior de ella ocurren aprendizajes que rebasan con creces los adiestramientos, se cultivan estilos y modelos para pensar, exponer, debatir, escuchar y proponer. Es necesario que este espacio se abra hacia el mundo, actualice sus contenidos, su metodología y ejemplos. Los graffitis, el hip hop, el nuevo cine chileno y latinoamericano, las cosmogonías indígenas, los oficios patagónicos, las más variadas y sorprendentes formas expresivas, también deberían ser temas de cátedras y constituirse en puentes generacionales que permitan compartir visiones de mundo entre el académico y sus discípulos.
Entiendo la cultura como la constante e inevitable necesidad humana de crear nuevos mundos posibles, de superar la fatalidad conformista de que este mundo y todo lo que configura el presente, es la única forma de existir de la humanidad. La vida es infinitamente perfectible y la resignación, aunque se revista de lenguaje aparentemente riguroso, siempre será una derrota del espíritu. La cultura es la capacidad de soñar y de luchar para que nuestros sueños se hagan realidad.
Asumo la cultura como un concepto que, en última instancia, no se deja atrapar por ningún lenguaje o filosofía. Sé que se desenvuelve en muchos espacios diferentes. Se la puede encontrar no sólo en el teatro, en las artes visuales, en la literatura, la música, el cine, sino también en las plazas de nuestros barrios, en la comuna, en la calle y en toda la geografía del espacio existencial donde alguien se arriesga a ese acto mágico de producir algo nuevo.
Es imperativo promover en nuestro país más procesos culturales, legitimar espacios para los nuevos intentos, perfeccionar las formas de fomento. Pero más sustantivo aún, es el transformar a la cultura en una preocupación diaria, cotidiana y de vida. Y para esta decisión, sé que podemos contar con el enorme caudal de fuerzas morales, éticas y estéticas, que existe en las universidades y en sus aulas, en las comunas, y en las regiones de todo Chile.
La bibliografía psicológica (Vygotsky en particular) nos ha evidenciado que el sujeto tiene una relación dialéctica con su exterior. El ser humano no recibe pasivamente lo que le afecta (El mundo), sino que tiene la posibilidad de transformarlo usando los instrumentos que posee, uno de ellos, el lenguaje, que le permite al ser humano actuar sobre la realidad a través de los otros: “…todos los procesos psicológicos superiores (Comunicación. Lenguaje, razonamiento, etc.) se adquieren primero en un contexto social y luego se internalizar. Pero precisamente esta internalización es un producto del uso de un determinado comportamiento cognitivo en un contexto social”#. Por tanto el sujeto en la búsqueda esencial de su destino, aprehende la cultura, para luego transformarla a través de la experiencia estética. (que en el caso que nos reúne ,le entrega la escuela como una metodología pedagógica).
Cuando el niño maneja la creación estética está desarrollando su capacidad en diferentes niveles de potencialidad en el aspecto creativo e imaginativo; estamos convencidos los maestros que manejamos la educación artística de que son cualidades innatas y no podemos caer en el error de pensar que la educación no interviene en el proceso creador si no se estimula al educando en dirección a esto; caemos en el peligro de que vaya perdiendo su capacidad expresiva y creativa. El aspecto pedagógico didáctico en la educación artística es muy importante, ya que actúa de manera favorable en el desarrollo del niño, de su sentido estético y crea la capacidad de aceptación o no aceptación para determinar, puesto que los cánones de belleza van cambiando de acuerdo con el tiempo y la época, al igual que todas las culturas. El objetivo de la estética en la educación es proporcionar al educando elementos que propicien la transición incondicional de actitudes ante la sociedad que no se sujeten a la pasividad o a cuestiones ya establecidas, sino que intervengan en el alumno como un abanico de posibilidades con características divergentes ante las expectativas vivenciales en su entorno social y cultural.
Tanto el alumno como el profesor son elementos de la sociedad en la que se integran. En gran parte a través de determinadas formas de comunicación artística, esta relación se maneja en un mundo de imágenes, por lo que resultan necesarios los conocimientos básicos, así como su uso mediante el proceso creativo, interviniendo en la maduración personal, contribuyendo a una mejor formación humana y un desarrollo cultural que le permita la integración y el desenvolvimiento plenos en el ámbito social. Este tipo de enseñanza consigue el equilibrio total de elementos y el desarrollo de la capacidad de análisis y de síntesis, así como la divergencia del pensamiento, de ahí su importancia como función armonizadora de la personalidad humana.
Lógicamente estas bases o fundamentos tienen que traducirse a unas líneas de practicidad donde se articule una mezcla de teoría y experimentación; es conveniente que esta forma de aprendizaje se realice desde la experiencia personal. Como afirma Torrente Ballester: "El arte no se entiende: se vive". Esto es tan cierto, que cabría decir que la enseñanza artística, más que un cúmulo de conocimientos, es un estilo, una manera de enfocar nuestra actitud hacia las cosas, hacia el entorno; una especie de predisposición especial para captar la belleza y la armonía y a su vez producirla.